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Bebés de diseño

Bebés de diseño

14/03/2016

Resulta evidente que la reproducción asistida humana es uno de los campos de la Biomedicina que más debates éticos, sociales, legales y filosóficos despierta actualmente. Sólo habría que ver cómo los titulares de los periódicos publican de forma reiterada noticias que transitan entre el innegable derecho de una mujer a ser madre y la posible manipulación de la vida humana que conlleva la aplicación de estas técnicas. El último ejemplo lo tenemos reciente, con la autorización por parte del gobierno británico del primer experimento de modificación genética de embriones humanos. Aunque ya tenemos evidencia de publicaciones previas desde China, con polémicas investigaciones en este campo.

No podemos decir que esta noticia nos haya cogido por sorpresa a los que estamos relacionados con la embriología clínica, sobre todo después del fuerte debate que ha surgido en los últimos meses en la comunidad científica con el desarrollo de la tecnología CRISPR-Cas9.

Para los profanos, únicamente hay que comentar que se trata de una técnica que permite modificar de una forma sencilla, antes totalmente irrealizable, cualquier secuencia del genoma humano, cambiando, insertando o eliminando a placer secuencias de ADN de la carga genética. El equivalente al cut/copy/paste de la edición génica.

No hay que olvidar que los resultados del Proyecto Genoma Humano, con la secuenciación completa de sus casi 30.000 genes, se presentaron ya en 2003, y poco a poco se ha ido conociendo la función de cada uno de ellos. Actualmente contamos con información de 4.000. La información para poder evitar enfermedades o, por qué no, aumentar el talento artístico podemos/podríamos encontrarla escrita en nuestros genes y modificarla a voluntad.

Por cierto, las descubridoras de esta técnica (CRISPR-Cas9), la francesa Emmanuelle Chantier y la americana Jennifer Doudna, recibieron el Premio Princesa de Asturias de Ciencia, por ello el año pasado.

La revolución tecnológica, cuya aplicación puede suponer superar cualquier expectativa hasta ahora imaginada, al límite de esas fronteras conceptuales que sólo encontrábamos en los libros de ciencia ficción. Y ha comenzado con toda la artillería que suponen las investigaciones en el Francis Crick Institute del Medical Research Council en Londres, institución recientemente creada "ad hoc" para la investigación biomédica, centrada principalmente en el estudio del ADN, y con el apoyo de más de 1.000 investigadores bajo los auspicios de instituciones de tanto prestigio como el Kings College London o el Cancer Research UK, por ejemplo.

Los inicios han sido lentos (como era de esperar), investigando aquellos genes de embriones humanos que pueden estar implicados en las fases iniciales del desarrollo embrionario y que pueden ayudarnos a conocerlos mejor y mejorar las tasas de implantación y de embarazo cuando aplicamos técnicas de fecundación in vitro (FIV).

Lógicamente, los embriones estudiados procederán de ciclos de FIV y serán donados por sus progenitores para ese fin, y en ningún caso dichos embriones manipulados podrán ser implantados, por lo que dichas modificaciones genéticas no serán transmitidas a la descendencia, de acuerdo con la ley inglesa. En España, la Ley 14/2006 sobre técnicas de reproducción asistida aborda el tema de forma similar.

Pero esto es sólo el comienzo, y un estudio tan aparentemente razonable y justificado como el anterior no deja de ser la puerta abierta hacia otros estudios mucho más complejos, y no sólo para prevenir o curar enfermedades.

Como dato curioso, películas como "Un Mundo Feliz", "Gattacca" o incluso "Parque Jurásico" son ejemplos en clave de ciencia ficción que nos orientan hacia dónde nos puede llevar la aplicación de estos bebés de diseño. Los primeros cinco minutos de la película "Soy Leyenda" resultan muy interesantes y muestran la entrevista con la investigadora que manifiesta haber eliminado el cáncer, que finaliza con Will Smith en clave apocalíptica y que más tarde acabaría conduciendo por las calles vacías de una Nueva York carente de vida humana.

Pero, películas aparte, la puerta está abierta, y la posibilidad de corregir, añadir o eliminar cualquier secuencia genética para acabar con enfermedades o mejorar la calidad de vida humana es lo suficientemente trascendente como para saber que ya no va a volver a cerrarse. Y quizá no debamos preocuparnos de lo que hagan los ingleses o cualquier otro país europeo en este sentido, pero sí de lo que pueda hacerse en otros países con legislaciones más permisivas (o directamente sin legislación) con una técnica que se ha demostrado tan relativamente sencilla.

Tiempo al tiempo. Empieza el primer siglo después de CRISPR.

Antonio Urries López
Biólogo
Director de la Unidad de Reproducción Asistida del Hospital Quirón salud Zaragoza

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