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La ciencia que da la vida: nuevas tecnologías que contribuyen a estandarizar el tratamiento y reducir el factor subjetivo, por la Dra. Rocío Núñez

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La ciencia que da la vida: nuevas tecnologías que contribuyen a estandarizar el tratamiento y reducir el factor subjetivo, por la Dra. Rocío Núñez

 Hace treinta años que trabajo en el laboratorio de reproducción humana. Y pienso en la consabida frase hecha “cómo pasa el tiempo…”. Es verdad, ha pasado muy rápido, pero, sobre todo, si hago memoria sobre cómo era el laboratorio antes y cómo es ahora, parece que han transcurrido todavía más años.

No obstante, hay algo que no ha cambiado: creo que hay pocas cosas en el mundo más fascinantes que ver cómo va evolucionando un embrión desde que tenemos dos células: un óvulo y un espermatozoide. En el laboratorio las “juntamos”, y del óvulo fecundado aparece milagrosamente ese embrión dividido dos días después.

Tal vez lo único que pueda superarlo es el crecimiento de un bebé, o quizás no, porque en el laboratorio partimos de una única célula, una célula que puede que no conduzca a nada o dé origen a una nueva vida.

Cuando después de un tratamiento de fecundación in vitro tenemos en el laboratorio varios embriones que se han dividido, hay que seleccionar el mejor de todos para transferirlo. Y es en esos momentos, estudiando uno por uno al microscopio, cuando siempre se me hacía un nudo en el estómago:

¿Estaré eligiendo al mejor? ¿Cuál de ellos será el que tiene más posibilidades de implantación? Entonces sentía el peso de un enorme compromiso, ya que era responsable de tomar o no la opción correcta.

Hasta hace poco, esa elección la hemos realizado los embriólogos de manera subjetiva, es decir, seleccionando el embrión que desde el punto de vista morfológico cumplía una serie de criterios y tenía “mejor aspecto". 

Bien es cierto que existen características morfológicas que nos hacen descartar a los que a priori parecen tener pocas posibilidades de éxito: se han dividido poco para el día en el que se encuentran, se han dividido de forma irregular, etc.  Pero siempre nos han surgido dudas cuando hemos contado con varios embriones similares. Además, con el fin de reducir la subjetividad, somos los embriólogos senior (o con más experiencia) quienes hemos realizado invariablemente esta fase tan sensible del proceso de fecundación in vitro: la elección de los embriones. Sin embargo, en ocasiones hemos tenido que contrastar las opiniones de varios de nosotros para estar seguros de haber actuado correctamente, o bien para poder estandarizar criterios y que todos los embriólogos realicen la selección de la misma forma.

Afortunadamente, en la actualidad en el laboratorio contamos con una nueva tecnología: los sistemas time-lapse, con los que podemos comprobar, no solo día a día sino a intervalos cortos de tiempo, cuál es el embrión que mejor se divide, cuál parece que tiene un “buen aspecto” pero en algún momento de su evolución no se ha comportado correctamente, etc.

Cuando era niña me maravillaban los documentales en los que veías cómo se iba dividiendo una flor en mil pétalos y podías comprobar su evolución en unos minutos. Esa técnica fotográfica es la misma que ahora se aplica para analizar la evolución del crecimiento de los embriones. En el incubador van acopladas varias cámaras fotográficas que realizan captura de imágenes cada cinco minutos. De esta forma, en cualquier momento podemos tener el seguimiento en tiempo real de la división embrionaria.

Y la ayuda que nos presta es enorme para poder aumentar el número de pacientes que quedan embarazadas. Y no sólo porque podamos conocer la evolución de cada embrión desde el principio hasta el final del proceso y poder así seleccionar el mejor de ellos, es decir, el que el sistema nos ayuda a elegir. También porque las condiciones en las que se mantienen son óptimas: se puede realizar el seguimiento sin sacar los embriones del incubador para mirarlos en el microscopio, lo cual mantiene las mismas condiciones de temperatura, que son vitales para la “salud” del embrión.

Y como la tecnología avanza de una manera sorprendente, en un corto periodo de tiempo este sistema ha evolucionado aún más: ahora contamos con un aparato que tiene en su interior varios incubadores, donde las placas con los embriones de cada paciente se encuentran independientes. Hasta hace poco, los time lapse existentes consistían en un único incubador donde podían alojarse varias pacientes a la vez, en vez de la separación que existe ahora.

El prodigio continúa. Y si antes se me hacía un nudo en el estómago a la hora de elegir el mejor embrión, ahora me ocurre cuando puedo ver cómo ha evolucionado y cómo se ha dividido hasta llegar el momento en que puede implantar.

¡Las maravillas de la técnica hacen que sea posible la ciencia que da la vida!

 


Dra. Rocío Núñez Calonge
Subdirectora de la
Clínica Tambre

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