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Deporte en el embarazo

Deporte en el embarazo

03-11-2015

 Existen muchas mujeres deportistas que no renuncian a su actividad debido al embarazo. Aunque la mayoría realizan ejercicio físico como afición o simplemente por mantener una buena salud física, siempre se debe aplicar el sentido común y existen algunos consejos que pueden ser útiles.


Está claro que el deporte nos aporta muchos beneficios y el embarazo no tiene por qué ser impedimento para continuar su práctica con ciertas limitaciones y siempre que seamos conscientes de nuestro estado. Mantener una buena forma física nos procurará un mayor bienestar general, mejorará el riego sanguíneo y la resistencia pulmonar y muscular, con el objetivo de tener una musculatura tonificada y el sistema cardiovascular en buen estado de cara a los últimos meses de embarazo, el momento del parto y la recuperación posterior.

Durante el embarazo, el primer trimestre es el que cuenta con mayor riesgo de aborto, mientras que durante el tercer y último trimestre, debido a los cambios que nuestro cuerpo va experimentando, los riesgos de caídas y la fatiga tras el esfuerzo son más notables. Es por ello que resulta más recomendable el ejercicio físico en esos meses intermedios de embarazo (segundo trimestre), cuando hemos empezado a habituarnos a nuestro estado. Pero no todos los deportes son adecuados para las embarazadas, y no todos los embarazos son iguales, por lo que lo primero es consultar a nuestro ginecólogo. En determinados casos, tales como hipertensión arterial, embarazos múltiples, abortos previos o problemas cardiovasculares, por nombrar los más comunes, la actividad física estará contraindicada.

En cuanto al tipo de ejercicio que no debemos practicar, se incluyen los deportes de contacto tales como el boxeo, artes marciales -por motivos evidentes- y otros como el baloncesto o el fútbol, debido a los posibles golpes. En general, todos los deportes que precisen saltos de forma puntual o continuada habría que descartarlos debido al impacto pélvico. En este sentido, el running, que a priori no parece muy agresivo, por mi parte no lo recomendaría. También estarían prohibidos los deportes de alto riesgo donde la posibilidad de caídas o accidentes son elevados, como la escalada, el esquí, el rafting, etc. El submarinismo o buceo, con los que sometemos a nuestro cuerpo a unas condiciones de baja oxigenación, y los que conllevan un alto grado de esfuerzo, como el levantamiento de pesas o la gimnasia rítmica, también deben quedar fuera de nuestras aspiraciones.

Dicho esto, parece que nuestras posibilidades de mantenernos en forma se reducen drásticamente, pero no es así. Podríamos empezar por plantearnos dar largos paseos de forma rutinaria a buen ritmo. La natación y los ejercicios en el agua también son una práctica aconsejable. La bicicleta por terrenos llanos puede ser un buen ejercicio, pero personalmente no la recomiendo ya que siempre podemos encontrarnos sorpresas en el recorrido y exponernos a cualquier caída fortuita. El pilates o el yoga también pueden favorecer la tonificación muscular, la flexibilidad y la relajación, y por tanto, la disminución del estrés o la ansiedad tan propios de esta etapa.

Existen también ejercicios especialmente diseñados para embarazadas, cuyo objetivo es fortalecer los músculos abdominales y prepararnos para el parto. Actualmente podemos encontrar muchos centros de fisioterapia que ofertan este tipo de actividades y ejercicios de preparación al parto. En este sentido, también nos puede ayudar practicar los ejercicios de Kegel, destinados a fortalecer el suelo pélvico, que ayudan a tonificar los músculos de la vagina y el periné, muy recomendables no solo durante la gestación, sino como práctica habitual.

Durante el embarazo, en general, cualquier tipo de práctica deportiva debe ser moderada, sin llegar al extremo ni sobrepasar ciertos límites. El ejercicio prolongado puede producir el aumento de la noradrenalina, que tiene efecto estimulante en las contracciones del útero, por lo que podríamos caer en riesgo de parto prematuro.

Es muy importante también practicar una correcta hidratación y no sudar en exceso, por lo que debemos evitar los ejercicios bajo altas temperaturas. Por supuesto, ante la aparición de síntomas tales como desfallecimiento, taquicardia, dolores en la zona pélvica o la espalda o sangrados (aunque sean mínimos), se debe cesar la actividad y acudir a la consulta de nuestro ginecólogo. Debemos recordar que nuestro objetivo no es alcanzar una medalla olímpica, sino llevar nuestro embarazo a buen término ;-)

Julia Ramos, ginecóloga especialista en Reproducción Asistida en IVI Sevilla.

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