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Los efectos de los piercings y tatuajes en embarazadas

Los efectos de los piercings y tatuajes en embarazadas

18-08-2014

Los tatuajes y piercings son un hecho hoy en día y es una práctica muy frecuente en nuestra sociedad. Aunque las madres hayan intentado evitarlo en sus hij@s, es difícil disuadirlos cuando las ideas están claras. El problema se presenta años después a la decisión tomada. En muchas partes del cuerpo sólo son cuestiones estéticas, sin embargo, cuando hablamos del piercing en el ombligo o los tatuajes en la zona lumbar, las repercusiones son mayores. Y es que probablemente no todas las jóvenes sabían las consecuencias de estas prácticas cuando logran el embarazo.

Llevar un piercing en el ombligo implica cuidados de higiene muy exigentes con el mismo, ya que no deja de ser un objeto extraño. Hay mujeres que lo mantienen durante todo el embarazo, pero en estos casos deben cambiarlo por otro de mayor tamaño para adecuarse al crecimiento que presenta la pared abdominal y la piel en este periodo. El piercing suele molestar cuando la barriga adquiere un tamaño considerable ya que roza con la ropa. Por lo que lo más frecuente es tener que retirarlo durante el embarazo. En muchas ocasiones, cuando las pacientes se lo han quitado, hemos podido observar fístulas creadas en el trayecto del piercing, entre las porciones de entrada y salida del mismo. Este canal es un reservorio de suciedad nada favorable en caso de tener que realizar cirugías y por supuesto, desde el punto de vista estético. Generalmente son lesiones en la piel que suelen permanecer de por vida. Pero no debemos de caer en mitos y alusiones no verdaderas, como el hecho de que el piercing puede dañar al bebé o al útero. Esto es imposible ya que queda limitado a la piel.

La técnica del tatuaje es bien conocida, y consiste en la inyección bajo la epidermis de pigmentos y colorantes para formar un dibujo, que a buen seguro nos acompañará toda la vida.  El primer riesgo proviene por tanto del propio proceso del tatuado, donde han de emplearse agujas encargadas de inocular los tintes bajo la última capa de nuestra piel. Los especialistas y establecimientos dedicados a esta práctica hoy en día deben de cumplir con las normas higiénico-sanitarias para evitar contagios de enfermedades de transmisión por vía sanguínea, tales como la hepatitis B y C o el VIH. Es por tanto muy importante asegurarnos siempre de que se están cumpliendo todas las normas, aún más, cuando en el caso de futuras mamás ese riesgo podemos trasmitirlo a nuestro bebé.

El caso de tatuajes en la zona baja de la espalda, a nivel lumbar, supone en muchos casos y a criterio del anestesista, el no poder realizar una anestesia epidural, ya que éste es el lugar indicado para administrar dicha anestesia, y manipulaciones previas como la inoculación de colorantes para hacer los tatuajes contraindican la intervención, sobre todo si son recientes.

Lógicamente, una vez embarazadas, nuestro cuerpo experimentará cambios notables, y ello conllevará que los tatuajes practicados en algunas zonas del cuerpo también se vean deformados, con cambio de tamaño y proporciones, decoloraciones o agrietamientos.

Cada vez son más las pacientes que llegan a la consulta y que ya conocen algunos de los efectos de este tipo de acciones sobre su cuerpo, pero no por ello vamos a dejar de insistir para que haya más conciencia sobre sus consecuencias.

 

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