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  • 04 Dec, 2020
    Gestión del riesgo relacionado con el factor masculino: ¿Cómo mejorar las posibilidades de embarazo estudiando de forma eficiente también al varón?
Gestión del riesgo relacionado con el factor masculino

     

 

 

GESTIÓN DEL RIESGO RELACIONADO CON EL FACTOR MASCULINO

 

Escrito por: Miguel Ruiz Jorro

 

Cuando una pareja con un problema de infertilidad acude a un centro de Medicina Reproductiva, es frecuente que la mayoría de las pruebas se centren en la mujer y que al varón se le haga solo un análisis de su semen.

 

Posiblemente esto se debe a falsas creencias relacionadas con el estudio del factor masculino, como que los tratamientos médicos son largos y poco eficaces o que, como al final se podrá hacer un ICSI, para qué perder el tiempo acudiendo al andrólogo.

 

Sin embargo, estudiar al varón desde un punto de vista exclusivamente analítico y no clínico, es decir, estudiar su semen o sus espermatozoides pero no a él como paciente, puede representar un grave riesgo.

 

Por una parte un riesgo para el propio paciente, porque un bajo recuento o calidad espermática puede ser consecuencia de una enfermedad grave, como un cáncer de testículo, una patología prostática o una alteración hormonal.

 

Riesgo para su descendencia, porque no es lo mismo un bajo número de espermatozoides por una obstrucción de la vía seminal que a un fallo testicular en el que existe mayor probabilidad de que la información genética de los espermatozoides sea incorrecta y de que se puedan transmitir estos errores al feto.

 

Y riesgo para el pronóstico del tratamiento de reproducción asistida, porque determinadas patologías, como el varicocele o las inflamaciones crónicas a nivel urogenital, alteran la integridad del ADN espermático, lo cual reduce su potencial reproductivo y aumenta el riesgo de aborto.

 

Con frecuencia oímos que no pasa nada porque el número de espermatozoides o su movilidad sean muy bajos, porque al final se va a elegir solo uno, móvil y bonito, para hacer el ICSI. Y eso es cierto, pero es probable que ese espermatozoide tenga destrozado su ADN o que su número de cromosomas sea inadecuado, con lo cual el tratamiento de reproducción asistida, con suerte, resultará fallido, porque en otros casos el embrión será portador de alguna alteración genética.

 

A veces los pacientes llegan al andrólogo explicando que “les han hecho a los dos un estudio súper completo de abortos”. En concreto, a él, un FISH y un estudio de la Fragmentación del ADN en base al cual les han dicho que se tienen que hacer un ICSI con biopsia testicular ¡Pero si yo tengo el semen perfecto! El problema es que se ha hecho un estudio completísimo de los espermatozoides, pero no del paciente. Falta saber qué está causando esa fragmentación. Tal vez una prostatitis crónica o un varicocele severo, cuyo tratamiento podría evitar realizar varios tratamientos de reproducción asistida.

 

Por eso, antes de cualquier tratamiento de reproducción asistida, se debería hacer una valoración del riesgo relacionado con el factor masculino.

 

La idea es tan sencilla como valorar tres aspectos:

 

1-      Riesgo para la salud del propio varón.

2-      Riesgo para su descendencia (especialmente genético).

3-      Riesgo para el pronóstico del tratamiento.

 

Para estudiarlos, hará falta hacer una anamnesis (historia clínica), una exploración física, un estudio seminal completo y una ecografía urológica y genital. En ocasiones, un estudio hormonal o algún estudio genético específico. A partir de estos resultados, es posible que se requiera saber más sobre la  información genética de los espermatozoides y haya que solicitar un FISH o un estudio de Fragmentación de ADN.

 

Plantear el estudio de la infertilidad masculina desde la Gestión del Riesgo del Factor Masculino, permite entender muy bien la importancia de estudiar al varón y no solo a sus espermatozoides y corrige la falsa sensación de que remitir al varón al andrólogo supone una pérdida inútil de varios meses, ya que el estudio se puede completar en muy pocos días.

 

Pero además, aporta beneficios evidentes. Al hacer las pruebas necesarias para valorar el riesgo, se llega también, en la mayoría de los casos, a un diagnóstico de la causa de la infertilidad. Se puede valorar un tratamiento médico o quirúrgico para evitar la reproducción asistida o mejorar el pronóstico de esta. Se puede mejorar el pronóstico de niño nacido al aplicar tratamientos más específicos. Se reduce el riesgo para el paciente y su descendencia. En definitiva, al mejorar la eficacia, simplificar los tratamientos y prever riesgos, se ofrece una mejor calidad asistencial. Eso es lo que buscamos.

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