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Experiencia con pacientes en tratamientos de reproducción asistida , por la enfermera Angela Arranz Betegón

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Experiencia con pacientes en tratamientos de reproducción asistida , por la enfermera Angela Arranz Betegón

Me llamo Angela Arranz y desde hace un año y medio soy la responsable del equipo de enfermeras que trabajan en la Unidad de Reproducción Humana Asistida del Hospital Clínic de Barcelona. Mis raíces proceden del campo de la Neonatología, donde  el recién nacido, los padres y toda la familia es tratada como un conjunto.

Mi primer contacto con una paciente con problemas de fertilidad fue María,  en el  momento en que se iba a realizar una transferencia embrionaria. Si me permiten explicaré las sensaciones que tuve tras la observación realizada.

 La futura madre, que estaba en el box junto a su marido estaba asustada, miraba a un lado y a otro, se notaba que estaba algo ansiosa. Se sentía  vulnerable y frágil debajo de aquella bata, aquellas polainas y aquel gorro de quirófano. Cuando la enfermera vino a buscar a María para entrar en quirófano, su pareja,  quien le estaba dando  la mano minutos antes, se quedó fuera, en un pasillo cercano, pero al mismo tiempo lejano. Aquella mano a la que apretar, aquella mirada de “todo va a salir bien” había desaparecido al entrar en aquella sala. Los médicos  especialistas de cuya extraordinaria capacidad no dudaba, estaban preparándolo todo para transferir el mejor embrión. Pero ella estaba demasiado sola, y las ganas de llorar  la superaban.

 Y tal vez por eso en nuestra clínica decidimos hace tiempo apostar por otro paisaje, manteniendo la capacidad técnica de nuestros especialistas, que sigue siendo extraordinaria, pero alterando positivamente el panorama percibido por la paciente. Sabemos que cuando alguien viene a nosotros, a ponerse en nuestras manos, porque precisa realizar un tratamiento de reproducción asistida, ha acumulado muchos desengaños y se ha dejado muchas lágrimas en muchas noches frías.

 Y nosotros y también ellas sabemos que no es un proceso sencillo, sino que se requiere mucha  paciencia y mucho coraje. Por lo tanto,  acompañando a  los avances en las técnicas de reproducción asistida quisimos hacer una apuesta por potenciar esos factores menos conocidos que, a la larga, ayudan a conseguir un mejor resultado. Y en esa apuesta el papel de la enfermera adquiere una importancia hasta entonces desconocida.

La enfermería se caracteriza por el trato al paciente de una forma holística, es decir, desde una perspectiva biopsicosocial, como una combinación de diferentes factores biológicos, psicológicos y sociales. La presencia de la pareja junto a la futura gestante, su mirada cercana, su leve caricia en el hombro, aparta esos miedos  y las palabras de una enfermera preparada para ello, que sea capaz de encontrar la frase exacta para arrancar una sonrisa, para desplazar lejos el estrés, para que la ansiedad no gane la partida, es un factor importante de cara a nuestro objetivo final.  El camino para lograr el embarazo no es fácil y vivirlo cerca de la pareja se nos antoja vital. Cuando hablamos de reproducción asistida es imprescindible un equipo multidisciplinar de ginecólogos, biólogos, psicólogos y  técnicos, pero la presencia cercana de la enfermera ha de sumar en la búsqueda del objetivo. El momento de la inseminación artificial o de la transferencia de embriones es  especial, diría que mágico e inolvidable, con todo lo que representa para la futura madre y ha de tener la opción de decidir si ese momento quiere que transcurra en soledad o acompañada de ese ser querido que ella misma elija.

 Como nombraba al principio mis raíces proceden del campo de la Neonatología, especialidad en la que existen estudios que apoyan el beneficio que supone el papel de los padres y de la familia en el neurodesarrollo del recién nacido. El periodo perinatal es un momento de gran neuroplasticidad tanto en la madre como en el bebé  y puede verse afectado por el ambiente que rodea el momento. Los cambios cerebrales que conllevan la maternidad son neuroquímicos morfológicos y funcionales y están destinados a garantizar la supervivencia y crianza del recién nacido, a través de ese vinculo materno filial mediante los denominados procesos de apego.

Estoy convencida de que la presencia de la pareja desde el primer momento y el hecho de humanizar los cuidados, van a dar a la futura madre seguridad, tranquilidad y una dosis de bienestar emocional, lo que repercutirá en la mejora de la atención y resultados. Y defendiendo que cuidar es algo más que tratar, que es cada vez más necesaria la conjugación del verbo humanizar y respetando evidentemente la individualidad y la libertad de la paciente, es vital darle relevancia al papel de la enfermera en todo este  proceso.

Y mi objetivo al escribir estas líneas es tan solo defender algo en lo que creo, algo en lo que en nuestra clínica, creemos desde el área de reproducción asistida.

Para que la ventana de nuestra Unidad  tenga vistas al corazón de nuestras pacientes.

Convencida de que con ello ganaremos todos.

 

Angela Arranz Betegón RN, PhD
Cap de gestió de enfermería
Institut Clinic de Ginecolgía, Obstetricia i Neonatología

 

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