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A FONDO La anestesia epidural, en qué consiste y miedos más comunes

A FONDO La anestesia epidural, en qué consiste y miedos más comunes

25-06-2013

El día del parto es el más anhelado por las embarazadas, pero en parte también el más temido. En este sentido, uno de los aspectos que genera mayores dudas es el uso o no de la anestesia comúnmente conocida como “la epidural”. Con este breve artículo quisiera aportar algo de luz sobre esta técnica y de paso tratar de calmar los miedos más comunes en las embarazadas.

La anestesia epidural es un tipo de anestesia regional, es decir, logra insensibilizar una zona del cuerpo localizada de tal modo que la paciente no sienta dolor aunque sí puede sentir que “le tocan” y de tal modo colaborar.
La técnica anestésica se realiza mediante la introducción de una aguja en la zona lumbar y la administración de un anestésico en el espacio epidural, bloqueando así las terminaciones nerviosas en su salida de la médula espinal. Así quedarán anestesiadas las zonas del cuerpo que correspondan a dicha inervación.

La anestesia epidural está contraindicada para tatuajes localizados en la zona lumbar, por lo que aquellas mujeres que estén planteándose tatuarse y vayan a ser madres en un futuro, pueden encontrar áreas corporales más apropiadas.
Otra contraindicación se produce en aquellos partos en los que la dilatación está excesivamente avanzada, en cuyo caso se recurrirá al uso de otro tipo de anestesia.

En ocasiones surgen dudas sobre si su administración es dolorosa, si hace el efecto adecuado o bien si resulta perjudicial para el correcto desarrollo del parto. En este sentido lo realmente importante es hacer una correcta indicación sobre el momento en el que se debe poner. Lo ideal es que las contracciones sean regulares e instauradas y haya una dilatación en curso pero no muy avanzada. De esta forma la paciente puede colaborar con el anestesista en su colocación y no se estancaría el parto. No olvidemos que disponemos de medicación coadyuvante para continuar estimulando la contractilidad uterina. Es por este motivo por lo que no debe ser administrada en los inicios del parto. Con frecuencia nos encontramos pacientes que con los primeros dolores y molestias la solicitan confiando en que su administración les alivie el sufrimiento del resto del proceso. Sin duda será así, pero deben ser los profesionales médicos los que determinen cual es el momento oportuno, en ningún caso se trata de probar la resistencia de las pacientes.

También nos hemos encontrado casos en los que es la propia paciente la que expresa su deseo de no ser anestesiada, ya sea por miedo o desconocimiento o, como ocurre en la mayoría de los casos, porque creen que la epidural les privará de vivir el momento del parto en toda su intensidad.

Renunciar al dolor del parto no es renunciar al hecho natural del mismo. La medicina moderna nos ofrece la posibilidad de quedarnos con la esencia del acto pasando lo mejor posible por los momentos más dolorosos donde la naturaleza en su extrema sobriedad no ha afinado lo suficiente. Creo que nuestras abuelas tampoco habrían dudado si hubieran podido echar mano a algo más que a unos “paños calientes”.

Hoy en día, gracias a la anestesia epidural, podemos disfrutar de un momento tan importante como es el nacimiento de nuestros hijos de forma menos traumática, siempre teniendo presente que su utilización es opcional y una decisión propia de cada embarazada. Ante cualquier duda, mi recomendación es mantener una conversación previa con nuestro anestesista.


Dra. Julia Ramos, ginecóloga especialista en reproducción asistida


 

 

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