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Interrupción médica del embarazo

Interrupción médica del embarazo

 21/03/2016

En referencia a la interrupción del embarazo podemos distinguir dos situaciones muy diferentes. Un caso implica una interrupción voluntaria por parte de la madre, también denominada IVE, en la cual no hay motivos médicos que justifiquen una finalización de la gestación, sino que se alegan motivos psicológicos o sociales. El otro caso, en el que centraré este artículo, es el de la interrupción gestacional por un motivo médico.

Es importante conocer hasta qué edad gestacional la ley ampara la interrupción del embarazo, ya que en función de ello se deben aplicar las técnicas médicas adecuadas para diagnosticar lo antes y mejor posible las patologías fetales.

La ley, que siempre está expuesta a cambios, dictamina que la interrupción gestacional por motivos médicos, ya sea por problemas en el feto o peligro para la integridad física o psíquica de la madre, no puede llevarse a cabo más allá de las 22 semanas de embarazo.

El artículo 15 de la ley orgánica del 4 de marzo de 2010 nos presenta una serie de requisitos por los que excepcionalmente se podrá autorizar la interrupción:

  1. Que no se superen las 22 semanas de gestación, siempre que exista grave riesgo para la vida o la salud de la embarazada y así conste en un dictamen emitido con anterioridad a la intervención por un médico especialista distinto del que lleve a la paciente. En caso de urgencia por riesgo vital para la gestante, podrá prescindirse del dictamen.
  2. Que no se superen las 22 semanas de gestación, siempre que exista riesgo de graves anomalías en el feto y así conste en un dictamen emitido con anterioridad a la intervención por dos médicos especialistas distintos del que la practique o dirija.
  3. Cuando se detecten anomalías fetales incompatibles con la vida y así conste en un dictamen emitido con anterioridad por un médico especialista distinto del que practique la intervención, o cuando se detecte en el feto una enfermedad extremadamente grave e incurable en el momento del diagnóstico y así lo confirme un comité clínico.

Tras conocer cuáles son las exigencias legales, haremos un recordatorio de los controles gestacionales y las técnicas diagnósticas que nos ayudarán a detectar las situaciones que nos hagan plantear la interrupción. Así, entre las 10-14 semanas de embarazo disponemos del conocido Triple screening, además de técnicas más novedosas, como los test prenatales no invasivos (NACE, Harmony…), que identificarán aquella población de pacientes que tendrán riesgo de patología fetal y que van a precisar un diagnóstico invasivo como la amniocentesis. Además, disponemos de las ecocardiografías de las 20 semanas de gestación, con las que somos capaces de detectar un gran porcentaje de patología cardiaca fetal y estructural que nos permite con gran fiabilidad valorar toda la anatomía del bebé.

En caso de hacer un diagnóstico preciso y cumplir todos los requisitos legales expuestos con anterioridad, las vías de trabajo son las siguientes: una vez decidido que la interrupción del embarazo es irremediable, se procederá a inducir la expulsión de la gestación. En algunas pacientes es suficiente con el uso de medicación que favorece las contracciones uterinas, mientras que en otras es necesario complementar con un legrado posterior si quedan restos intracavitarios. Por la rapidez en la recuperación posterior, siempre es preferible finalizar todo de la manera más natural posible, es decir, mediante la vía vaginal, pero no son pocos los casos en los que hay que finalizar el embarazo mediante cesárea.

Como comentario personal, pienso que en estas parejas es de gran ayuda un apoyo psicológico, tanto durante la toma de decisiones como después de la interrupción, ya que se enfrentan a una situación muy complicada desde el punto de vista emocional.

Dra. Julia Ramos, Ginecóloga especialista en Reproducción Asistida en IVI Sevilla.
 

 

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