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¿Madre por donación? ¡Sabemos que serás feliz! Por el Dr Antonio Gosálvez

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¿Madre por donación? ¡Sabemos que serás feliz! Por el Dr Antonio Gosálvez
¡Hola! Aunque soy ginecólogo, me definiría mejor como un “apasionado escuchador de mujeres”, sobre todo en los aspectos emocionales de la fertilidad humana. Quizá por eso he aceptado el reto de intentar explicarte la constelación de emociones que pasarán por tu mente y por tu corazón si te lanzas a la aventura de la donación de óvulos.
 
El primer puñetazo
 
Algunas pacientes recuerdan con horror el terrible impacto que sintieron al sugerirles por primera vez “el ovodón”, como coloquialmente llamamos a la recepción de óvulos donados.
Este “primer puñetazo” te pilla a traición porque no te esperas que alguna vez vaya a llegar el final, y más con lo “joven y valiosa” que te sientes. Por supuesto que has entendido que tus óvulos están fatal, pero de ahí a abandonarlos va un largo trecho… ¡que se recorre repentinamente!
 
Hacerse a la idea: dejar de odiarlo
 
Tras recibir el primer impacto es normal estar algunas semanas aturdida. La parte mala es que la idea te persigue, aparece y reaparece más veces de lo que te apetece, pero está ahí en segundo plano. La parte buena es que cada vez te escuece menos: estás pasando de odiarla a analizarla como posible.
 
Surgen las dudas: me voy a volver loca
 
Tu mente está en lucha consigo misma: tu parte racional va deshaciendo los nudos mientras tu parte emocional se resiste al cambio, aunque sabe que finalmente cederá...
 
Conocer el proceso
 
Sin ninguna duda, sólo hay tres maneras de reducir el malestar y la ansiedad que genera tu lucha interior. La primera es conocer en profundidad el proceso. La segunda, es conocer en profundidad el proceso. La tercera y última es… conocer en profundidad el proceso. Cuanto mejor lo conozcas menos dudas vas a tener y, al tener menos dudas, tendrás menos malestar interior y recuperarás tu felicidad poco a poco.
 
Test positivo: un carrusel de emociones
 
¡Y tú que pensabas que con el test positivo se acababa el sufrimiento! Pues no: siendo madre se sufre hasta que tiene bien acabada la Universidad, y una de las fases más duras es la etapa de la gestación precoz. Al ver el test positivo -o bien recibir la información de la beta HCG- tu alegría se dispara: ¡Por fin! ¡Objetivo cumplido, Uauuu…! pero al minuto empiezas ya a pensar como madre: ¿estará bien? ¿Será normal? ¿Abortaré? ¿Y el parto? ¿Epidural? ¿Pediatra? ¿Cole?.... y así hasta el fin de tu feminidad mental. Si reconoces que no te entiendes a ti misma todos los días, cómo vas a entenderte durante esa montaña rusa de emociones...
 
Durante el embarazo: ¿se le quiere o no?
 
Esa capacidad que tienen las preocupaciones en aparecer solas cuando menos se las espera no se pierde durante el embarazo. Y si el niño que tienes dentro es por donación de óvulos, al tener “menos control sobre lo que estás llevando dentro” es habitual que te plantees: ¿cómo será? ¿A quién se parecerá?¿se habrán acordado en la clínica de todo lo que les dije? Estas incertidumbres se entremezclan con la serena felicidad que va a ir creciendo en ti con cada cambio en tu figura, en tus mamas, en tu cara o en tus sensaciones. Cada patadita que notes, cada momento inolvidable en las ecografías va a ir curando las heridas de te provocan las dudas, y cada día tendrás más ganas de que nazca y poder empezar a quererle de verdad.
 
¿Se quiere a un hijo antes de nacer? La verdad es que todas las embarazadas sienten que sí, pero si lo piensas bien NO se puede querer a alguien que no se conoce. Piensa en un descabellado ejemplo: si nada más nacer nos ponen inmediatamente al hijo propio entre otros, ninguna madre sentiría nada especial por ese niño en concreto.
 
El amor por un hijo se empieza a desarrollar desde instante en que te lo presentan, y nunca antes. Es un amor creciente, infinito, incondicional… es el “amor de madre” que muchas veces has citado en tus bromas, y no es ninguna broma: es el motor de la vida.
 
Por eso sabemos que vas a desarrollar exactamente el mismo amor por tu hijo. No vas a quererlo más o menos por tener los pies grandes o pequeños, la nariz de tu marido o las orejas como tu abuela. Es sólo y simplemente tu hijo: ¡el mejor del mundo! 
 
Ya ha nacido. ¿A quién se parece?
 
¿Te has planteado alguna vez a quién te pareces tú? Si te pareces más a tu padre ¿crees que eso ha influido en que te quiera menos tu madre? Pues a ti te pasara igual: te hará más o menos gracia tal o cual parecido o diferencia, pero no interfiere con la plenitud de tu amor. ¿Quieres más a tus amigos, a tu marido o a tus familiares por guapos o por esbeltos?¿Se quiere menos a un padre feo que a uno guapo?
Cuando nazca comprobarás que hay diferencias contigo, pero también comprobarás que te importan menos de lo que esperas: verás que no te importan nada.
 
La primera de las tres preguntas: ¿Contarlo o no contarlo?
 
Ufff! Empieza lo difícil, pues no es posible dar una respuesta que sea válida para todas las madres. Cada una tiene sus valores y no es adecuado “intentar simplificar”. Creo mejor analizar las ventajas e inconvenientes de las tres alternativas.
 
La primera alternativa es el intentar ocultarlo para siempre y que nadie lo sepa nunca. Hace veinte años era la opción preferida por la inmensa mayoría y por ello (crees que) no conoces a nadie de tu clase o de tu trabajo que haya nacido de un donante (aunque por supuesto que los tienes a tu alrededor: recuerda que las primeras donaciones de semen se realizaron en España en el siglo XVII). La mejor parte de ocultarlo a todos es que es muy cómodo pues nadie juzga, nadie opina, nadie aconseja… La parte negativa de ocultarlo es que lo estás convirtiendo en un problema, pues solo se oculta lo que es malo o produce vergüenza. Cada vez menos parejas eligen ocultarlo para siempre, y más desde que la sociedad es multiétnica, multicultural, con diversos modelos de familia o de pareja… Pronto un niño por donación va a ser casi tan común como un hijo de padres divorciados. Es una pena que se viva algo tan bueno como ser madre por donación como si fuera algo fraudulento. Es un orgullo haber dado un paso adelante y no haberse resignado a las consecuencias de no ser madre. 
 
La segunda alternativa es el ocultarlo a todos inicialmente con intención de contárselo al niño hacia los ocho años, cuando esté preparado para ser el primero en conocerlo. Cada vez hay más madres que eligen esta opción pero ¿merece la pena llevar la carga de la ocultación durante ocho años? Crees que tu madre o tu hermana acabarán pensando que ocultarlo era la opción correcta? ¿No pensarán que no confiabas en su capacidad de querer adecuadamente al niño?
 
La tercera alternativa es el asumirlo desde el principio y contarlo con normalidad. Sentirás la enorme paz interior que da la sinceridad, la confianza en tus seres queridos, el calor de su cariño y comprensión. Recuerda cómo te ayudaron en tus momentos difíciles y lo que han agradecido esa “oportunidad de quererte” que les diste al abrirles las puertas de tu intimidad...
 
La segunda de las tres preguntas: ¿Me querrá igual si lo sabe?
 
¡Pues claro que sí! ¿No quieren a sus madres los hijos adoptados, y eso que lo tiene mucho más difícil?
Al principio de la vida, el hijo quiere a la madre con locura. Es su fuente de amor, de mimo, de comida, de calor, de refugio… ¡Como para no quererla! Pero ese cariño infinito se va debilitando conforme la madre le hace comerse la verdura y no le deja jugar a la PlayStation hasta las cinco de la mañana. La mejor madre del mundo se convierte en la madre petarda que te hace ducharte a diario…. Por eso te decimos que te querrá tanto (o tan poco) como los demás niños. Si te lo curras, te querrá como los demás.
 
La pregunta clave: Seremos felices pero… ¿del todo?
 
Por muchas frases bonitas y bien escritas que ponga aquí, no voy a conseguir que nos creas. Las madres por donación son simplemente madres. Las familias por donación son simplemente eso: familias con la misma capacidad de amar, de sufrir o de discutir que las demás familias. ¿Cómo puedes hacer para comprobarlo? Pide a tu médico que te ponga en contacto con alguna familia que tenga hijos por donación. Queda con ellos. Conóceles en persona. Pregúntales.
 
Solo así podrás quitarte las últimas dudas y tirarte por el maravilloso precipicio de ser madre por donación. No te arrepentirás. Nadie lo ha hecho todavía.
 

¡Suerte en tu aventura! 

 

Antonio Gosálvez Vega, Director de la Unidad de Reproducción Asistida. Hospital Quirón Madrid.  

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