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La objetividad en el diagnóstico de la calidad embrionaria, por el Dr. Ignacio Santiago Álvarez Miguel

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La objetividad en el diagnóstico de la calidad embrionaria, por el Dr. Ignacio Santiago Álvarez Miguel

En octubre de 2010 un trabajo científico publicado en la prestigiosa revista Nature Biotechnology, y realizado principalmente por investigadores de la Universidad de Stanford (Estados Unidos), sorprendía a los que seguimos el maravilloso mundo del desarrollo embrionario (y también de la tecnología). En ese trabajo se presentaban claras evidencias de que el ritmo al que se producen las primeras divisiones en los embriones humanos podría predecirnos aspectos relevantes sobre su futuro.

Efectivamente, aquellos embriones con problemas en la utilización y el reparto de los materiales del ovocito tenían ritmos de división más rápidos o más lentos que aquéllos con un desarrollo correcto. Los autores conseguían establecer una ventana de tiempos concretos de duración de las dos primeras divisiones embrionarias (hasta que se forma un embrión de cuatro células) que podía predecir las posibilidades de un embrión de alcanzar la fase de blastocisto y por tanto su viabilidad futura. Este trabajo podía suponer un importante avance, ya que una mayor capacidad de elegir objetivamente los embriones con más potencial de implantación nos llevaría indudablemente a una mayor probabilidad de éxito.

Con esta base nacieron los test de evaluación precoz de viabilidad embrionaria, lanzados para su comercialización en el Reino Unido en 2012 y extendidos rápidamente, primero en España y Canadá, y después en Estados Unidos y el resto del mundo. De esta forma, una vez más la tecnología vuelve a ser un ejemplo de cómo la investigación puede retornar beneficios clínicos en un breve periodo de tiempo.

La nueva técnica es una herramienta poderosa para diagnosticar a los embriones hasta que se activa su propio genoma, es decir, alrededor de las cuatro células en el tercer día de desarrollo. Clínicamente, los análisis de la viabilidad embrionaria están diseñados para ayudar a identificar rápidamente aquellos embriones con mayor probabilidad de generar blastocistos y, según se ha demostrado en ensayos clínicos posteriores, al menos con igual especificidad que la observación morfológica y con una mayor fiabilidad para muchos casos, al no incluir el factor subjetivo.

Es interesante comprobar cómo, una y otra vez, embriones que previamente habíamos considerado como “buenos” muestran divisiones anómalas y aparecen en nuestra pantalla con una valoración media. Nuestro flujo de trabajo ha cambiado y, al igual que un ginecólogo se apoya en una analítica (pongamos el valor de la AMH) para tomar decisiones clínicas, nosotros tenemos una valoración objetiva que nos proporciona una mayor capacidad para la toma de decisiones sobre qué embriones tenemos que seleccionar.

En nuestro centro, el test de evaluación precoz de viabilidad embrionaria también ha supuesto un adelanto a la hora de establecer factores que pueden representar un deterioro en la calidad ovocitaria. Una disminución en la proporción de embriones con calidad alta es evaluada exhaustivamente para intentar comprender el porqué de esta situación e intentar valorar alternativas. Esta situación es especialmente relevante cuando un gran número de embriones son catalogados con valoración media en mujeres con muy buen pronóstico (como es el caso incluso de algunas donantes) o en circunstancias especiales como el factor masculino severo y la desvitrificación de ovocitos.

Por último, la aplicación de esta tecnología es ventajosa también para la paciente. El valor pronóstico es muy útil para aconsejar las decisiones que hay que tomar dentro del proyecto reproductivo. Tanto si el pronóstico es bueno o malo, si tenemos información objetiva sobre la calidad de los embriones será más fácil para la paciente tomar las decisiones transcendentales ante algunos dilemas que se plantean en los tratamientos de reproducción.

En resumen, los test de evaluación precoz de viabilidad embrionaria proporcionan valiosa información sobre la viabilidad del embrión, ayudando a la toma de decisiones sobre qué embrión hay que utilizar para finalmente incrementar las probabilidades de una concepción exitosa.


Ignacio Santiago Álvarez Miguel


Catedrático de Biología Celular
Embriólogo Clínico en el 
Instituto Extremeño de Reproducción Asistida (IERA)
 

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