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Preservación de la fertilidad en casos de cáncer

Preservación de la fertilidad en casos de cáncer

 19-10-2015

En el Día Mundial del Cáncer de Mama surgen muchas preguntas en torno a esta enfermedad y sus posteriores consecuencias. Afortunadamente, la tasa de supervivencia aumenta cada año, situándose ya en más del 82% a los 5 años del diagnóstico. Sin embargo, una de las peores caras tanto del cáncer de mama como de otros tipos de cáncer es la de la esterilidad sobrevenida por los agresivos tratamientos de quimio y radioterapia, imprescindibles para la curación del paciente pero con graves secuelas en la capacidad reproductiva futura, ya que estos tratamientos no distinguen las células cancerígenas de las reproductivas (óvulos y espermatozoides). Es por esto que resulta fundamental abordar un programa de preservación de la fertilidad antes de iniciar el tratamiento, siempre que la premura que exija el inicio del mismo lo permita. Para la aplicación de este programa de preservación de la fertilidad, también se tendrán en cuenta otros factores como la edad del paciente, el tipo de tumor, la zona del cuerpo donde va a incidir el tratamiento, etc.

Cuando un paciente es diagnosticado de cáncer, tanto él como su equipo médico tienen la curación como su máxima prioridad pero no hay que olvidar “la vida tras el cáncer”, de la que los niños pueden formar parte.

Mantener la capacidad de tener hijos es fundamental para reanudar el proyecto vital tras superar la enfermedad. De hecho, hay pacientes que afirman que “una cosa es no tener como prioridad la descendencia” y otra distinta saber a ciencia cierta que no se podrán tener hijos. Incluso otros dicen que su vida posterior no tendría sentido sin la presencia de hijos.

Un ejemplo significativo es el del Linfoma: representa el 20% de todos los casos de cáncer y cada año se diagnostican 6.000 nuevos casos, con especial incidencia en los hombres. Afecta a los ganglios linfáticos, pero también a otros órganos donde hay células linfoides (bazo, tubo digestivo, hígado, pulmón, médula ósea…). Su índice de curación es del 80% si es tratado a tiempo, pero conlleva la pérdida de la fertilidad por la acción del tratamiento sobre los espermatozoides, ya que se emplean fármacos agresivos. Para preservar la fertilidad, los especialistas en medicina reproductiva recomiendan la congelación de semen y óvulos antes del tratamiento, con el fin de que éstos puedan ser utilizados una vez superado el linfoma. Por tanto, es fundamental que los oncólogos suministren información a los pacientes sobre las consecuencias del tratamiento en la fertilidad y a dónde pueden acudir para poder congelar o criopreservar ovocitos y espermatozoides, debido a que a veces falta coordinación entre las unidades oncológicas y las de fertilidad.

En relación a esto, un paciente, Jesús, quien a los 25 años se enfrentó a un linfoma, comenta que “cuando te diagnostican un cáncer, lo que quieres es que todo salga bien y no piensas en los niños, pero los médicos deberían aconsejarte (congelar el semen) por si quieres tener familia en el futuro. Debería haber un convenio para saber a dónde puedes ir a congelar semen”. Él, tras una búsqueda por su cuenta antes de iniciar su tratamiento, decidió almacenar su muestra seminal en el banco Criobanc. Gracias a esto, a los 31 años pudo recuperar su muestra y cumplir su sueño de ser padre junto a su pareja.

En el caso de las mujeres, existen otras soluciones, como la congelación de tejido ovárico, la vitrificación de óvulos o la congelación de embriones para su posterior implantación una vez superado el cáncer.

Desde los centros de reproducción asistida, se aboga por una mejor coordinación entre las unidades de oncología y las de fertilidad, con el fin de que los pacientes tengan la máxima información sobre dónde y cómo preservar sus gametos.

María Graña

Directora Médica de Zygos, Centro Gallego de Reproducción

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