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Salud dental en el embarazo

Salud dental en el embarazo

 27-04-2015

La etapa del embarazo está rodeada de dichos y creencias populares que el avance de la ciencia médica ha ido desmintiendo con el paso de los años. Uno de los más extendidos argumentaba que el crecimiento del pequeño durante la gestación mermaba las reservas de calcio de la madre, afectando a su salud dental. A través de este post, trataremos de desvelar si hay algo de cierto en ello y qué precauciones es conveniente tomar con respecto a la salud bucodental de la embarazada.

Como ya sabemos, la gestación conlleva una serie de cambios orgánicos en la mujer y también en sus conductas, entre las que se encuentran inevitablemente, los hábitos alimenticios. El aumento del abdomen para acomodar al futuro bebé implica una reducción de la zona estomacal que incide en el horario de las comidas, tendiendo a comer menos cantidad pero aumentando el número de ocasiones en que lo hacemos. Esta necesidad de saciar nuestro apetito constantemente conlleva a consumir en más ocasiones de las deseadas alimentos dulces con gran contenido de azúcar. Sí, los conocidos “antojos” son el principal enemigo de nuestros dientes. Controlar la dieta es uno de los principales hándicaps de las embarazadas.

También es frecuente en las embarazadas sufrir náuseas y vómitos, principalmente en los primeros estadios de la gestación. La acidez de los jugos estomacales daña el esmalte dental, haciendo los dientes más vulnerables al ataque de las caries. Tanto en este caso como en el anterior es necesario seguir una estricta higiene dental, cepillándonos los dientes con pasta con flúor tras cada comida.

A todo lo anterior se unen los cambios hormonales que pueden acentuar o provocar la aparición de gingivitis o inflamación de las encías, bastante frecuente en las embarazadas, sobre todo a partir del tercer mes de embarazo. Si bien casi siempre se debe a un exceso de placa bacteriana, la respuesta inflamatoria puede ser mayor debido a esos cambios hormonales. Por ello es conveniente, además del cepillado de los dientes tras cada comida, el enjuague bucal con algún colutorio apropiado.

Es muy corriente que algunas pacientes en consulta, una vez confirmado el embarazo, pregunten si pueden ir al dentista. Mi respuesta es siempre la misma: no es que puedan, es que deben ir. No hay que olvidar que una caries es un foco infeccioso y debe ser tratado, posponer el tratamiento dental de una embarazada con dolor, infección o urgencia dental conlleva mayor riesgo que el tratamiento en sí. Aunque la mayoría de los fármacos para los tratamientos dentales pueden ser utilizados durante el embarazo, siempre hay que comunicar nuestro estado al dentista y consultarlo con nuestro especialista en caso de duda. Se suele recomendar acudir al dentista durante el segundo trimestre de embarazo, por ser el más cómodo para la paciente.

Sobre el empleo de radiografías en el diagnóstico dental, se considera seguro en la mujer embarazada, ya que se requiere una exposición muy baja a la radiación. En todo caso, se deberá proteger cuello y abdomen con collarín y delantal de plomo. En este apartado, y aunque el riesgo sea bajo, mi recomendación es que si no se trata de una urgencia como las comentadas anteriormente, lo dejemos para más adelante, una vez nos hayamos recuperado del parto. Asimismo, deben evitarse tratamientos blanqueadores con agentes blanqueantes que contengan peróxido de hidrógeno, ya que pueden liberar pequeñas cantidades de mercurio de intervenciones y empastes anteriores.

A modo de resumen, los siguientes consejos pueden ayudar a prevenir problemas con nuestra salud dental durante el embarazo:

  1. Visitar al dentista al menos una vez durante el embarazo, preferiblemente durante el segundo trimestre.
  2. Llevar siempre una estricta y correcta higiene dental, cepillando los dientes tras cada comida con la ayuda de algún colutorio adecuado.
  3. Consumir alimentos saludables, evitando el exceso de dulces, golosinas y similares.
  4. Limitar a lo estrictamente necesario la exposición radiológica.
  5. Evitar los tratamientos blanqueadores.
  6. Y por supuesto, no fumar ni consumir alcohol.

Como vemos, el bebé no parece ser el responsable de la salud de la boca de su mamá. Sin embargo, durante los primeros meses de vida del recién nacido existe un alto riesgo de transmisión de bacterias cariogénicas por parte de la madre hacia el pequeño. Éstas son transmitidas principalmente por la saliva, a través de gestos tan comunes como probar la comida con la misma cuchara o comprobar la temperatura del biberón. Por tanto, tras el embarazo es muy importante controlar las enfermedades orales de la mamá y mantener esos hábitos higiénicos tan saludables sobre los que hemos insistido.

Julia Ramos, ginecóloga especialista en Reproducción Asistida.

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