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Seleccionando el mejor embrión, por el Dr. Antonio Urries

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Seleccionando el mejor embrión, por el Dr. Antonio Urries

Está claro que el principal objetivo de todos los que trabajamos en Reproducción Asistida es el de obtener embriones óptimos, de alta capacidad implantatoria y que puedan generar un niño sano.

Afortunadamente los protocolos de estimulación ovárica, junto con la alta eficiencia alcanzada en nuestros laboratorios de embriología, permiten en muchas ocasiones disponer en un mismo ciclo de Fecundación In Vitro de varios embriones “viables” susceptibles de ser transferidos. El problema se genera cuando hay que tomar la decisión sobre cuál puede ser el embrión idóneo para transferir entre las distintas opciones posibles, máxime cuando la tendencia actual es la de ir reduciendo el número con la idea de llegar al utópico final de "un embrión transferido, un niño en casa".

Desde hace más de tres décadas la Valoración Morfológica ha sido, por razones obvias, el recurso más extendido y eficiente para el estudio de la calidad embrionaria (Leese et al, 1993; Gardner et al, 2001; Scout, 2003). El principal problema radica precisamente en que, al ser algo meramente observacional, sufre una alta subjetividad en base al “observador” que realice la valoración y los parámetros observados. Por ello los sistemas "time lapse", basados en la observación y grabación continuada del desarrollo del embrión desde el mismo momento de la fecundación, llevan años analizando los principales parámetros embrionarios para intentar diferenciar aquellos que puedan resultar más predictivos sobre la capacidad preimplantatoria del embrión de los que no resultan tan relevantes. Esto nos ha ido permitiendo definir criterios claros acerca de qué debe observarse, y cuándo y cómo debe de realizarse la observación, a fin de intentar minimizar en lo posible la subjetividad del procedimiento.

Es un primer (e importante) paso que ya se ha dado, pero que debe de ir complementándose con sistemas que nos permitan estudiar otros parámetros. Un buen desarrollo embrionario es importante, pero aún lo es más una correcta actividad metabólica y una adecuada carga genética. “El interior” del embrión.

En base a eso se llevan años invirtiendo tiempo y recursos en la investigación acerca de sistemas que permitan analizar ese metabolismo embrionario. El fundamento es sencillo: si somos capaces de observar su actividad seremos capaces de saber si se trata de un embrión sano o no, al igual que una analítica en sangre nos permite saber si una persona está enferma, e incluso predecir cualquier posible alteración genética que pudiera padecer ese embrión. Calidad metabólica y genética están íntimamente relacionadas.

Queda mucho camino por recorrer, pero la dirección parece la adecuada, y quizá en unos años finalmente lleguemos a conseguir alcanzar el utópico e ideal paradigma de "un embrión un niño sano".

 

Antonio Urries, Reproducción Asistida Quirón Zaragoza

 

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