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Los últimos avances en Reproducción Asistida (RA): ¿cómo nos ayudan a conseguir un embarazo?

Los últimos avances en Reproducción Asistida (RA): ¿cómo nos ayudan a conseguir un embarazo?

 La primera pregunta que me hace una paciente en la consulta después de haberme explicado su historia suele ser: “¿Doctora, tú crees que tengo posibilidades de ser madre?”. Afortunadamente, hoy en día, en la gran mayoría de los casos, la respuesta es sí. La tasa acumulada de embarazo tras varios intentos roza el 90%, y este excelente resultado es debido a los grandes avances técnicos de los cuales disponemos los especialistas en RA. Vamos a comentar los más relevantes, empezando por las nuevas incubadoras.

 
Fisiológicamente los embriones se implantan en el útero en su quinto día de desarrollo, es decir, en el estadio de blastocito. Sin embargo, uno de los principales problemas con el que nos teníamos que enfrentar los especialistas en RA era la dificultad de cultivar los embriones, durante esos cinco días, dentro de una incubadora. La razón es que los embriones son muy sensibles a la luz y a los cambios de temperatura, así que cada vez que un biólogo abría una incubadora para sacar un embrión para observarlo o transferirlo en el útero de la paciente, todos los demás se veían afectados.
 
Pues bien, las nuevas incubadoras son como pequeñas cajitas cerradas con niveles constantes de humedad y temperatura, y la exposición a la luz es muy limitada. De este modo, los embriones comparten el mismo medio de cultivo, lo cual mejora sus posibilidades de desarrollo, pero están separados entre ellos para que se puedan extraer individualmente, evitando así perjudicar a los demás.
 
 Otra gran ventaja de las nuevas incubadoras es que tienen la tecnología “time-lapse”. Se trata de una sofisticada cámara que saca una foto a los embriones cada 5 minutos, de forma que la exposición a la luz es mínima Esta tecnología nos permite obtener una pequeña película de cómo se ha desarrollado el embrión; lo podemos analizar detenidamente, y podemos compararlo a los otros embriones sin necesidad de extraerlos de la incubadora antes de tiempo. En resumen, todos estos avances de las nuevas incubadoras nos han permitido mejorar mucho el cultivo de los embriones hasta el estadio de blastocito, y obtener mejores tasas de embarazo, incluso, en las pacientes con peor pronóstico.
 
Poder optimizar el desarrollo de los embriones a blastocito nos permite también biopsiarlos en este estadio. El objetivo de la biopsia embrionaria es poder realizar un diagnóstico genético preimplantacional; es decir, identificar en los embriones posibles anomalías cromosómicas o genéticas. La cuestión es que, antes, la biopsia se tenía que hacer en el tercer día de desarrollo embrionario, y el ADN se analizaba con FISH (unas sondas fluorescentes) o CGH (una técnica de estudio del ADN); ambas técnicas resultaban muy invasivas y muchos embriones no sobrevivían. En la actualidad, al poder realizar el diagnóstico genético en estadio de blastocito, se ha incrementado notablemente el índice de supervivencia de los embriones. Además, un nuevo sistema de análisis genético llamado NGS (del inglés, Next Generation Sequencing), nos permite hacer una secuenciación del ADN con una precisión de resultados del 99.9%.
 
Esta precisión es superior a la del FISH y del CGH, y hace posible, con una única muestra, analizar anomalías cromosómicas y enfermedades monogénicas, es decir transmitidas por un gen, como por ejemplo la distrofia de Duchenne.  Este avance resulta clave en nuestras pacientes con más de 38 años, ya que sus óvulos tienen una tasa de anomalías en su ADN muy elevada. A partir de esta edad, las posibilidades de tener embriones sanos se reducen considerablemente. Sin embargo, gracias al diagnóstico preimplantacional, podemos garantizar a nuestras pacientes que los embriones que les vamos a transferir son normales y, de este modo, mejorar sus posibilidades de lograr un embarazo de un bebé sano.
 
Los nuevos avances en la genética también nos ayudan a escoger el mejor fármaco para estimular a la paciente. La hormona que se usa para estimular los ovarios se llama FSH, pero de ésta existen diferentes isoformas, es decir: la misma hormona presenta distintas formas que son generadas por genes diferentes. Ahora, contamos con un nuevo test que determina a qué forma de FSH responde mejor la paciente. Teniendo esta información, podemos escoger el fármaco más eficaz, y personalizar el tratamiento al máximo. De esta forma, obtenemos un mayor número de ovocitos recuperados y, por lo tanto, mejores tasas de embarazo.
 
Pero, evidentemente, lo que más nos interesa no es simplemente lograr un embarazo: todos deseamos tener un hijo lo más sano posible. Para conseguirlo no basta con el diagnóstico preimplantacional, también necesitamos hacer un “matching” genético entre los miembros de la pareja. La razón es que todos somos portadores de alguna enfermedad genética (un promedio de dos mutaciones por individuo), pero no la desarrollamos por que el gen es recesivo; en otras palabras está presente en nuestro ADN, pero como no se manifiesta, estamos sanos y, probablemente nunca nos enteraremos. El problema surge cuando deseamos tener hijos con una pareja que es portadora de ese mismo gen recesivo porque, al juntarse los genes de ambos, tenemos un 25% de posibilidades de que nuestros hijos desarrollen la enfermedad.
 
Afortunadamente, ahora ya contamos con nuevos test genéticos que permiten detectar más de 300 mutaciones, y en el caso en que ambos miembros de la pareja resulten portadores de la misma enfermedad, podremos realizar un diagnóstico preimplantacional para escoger los embriones que no estén enfermos. Antes de poder contar con esta técnica, la mayoría de las pacientes se enteraban del problema cuando el niño nacía.
 
El matching genético también se utiliza cuando hay que recurrir a una donación de gametos (sean óvulos o espermatozoides). Por ejemplo, en el caso de los óvulos, se compara el perfil de la donante con el de la pareja de la paciente. De este modo, se puede seleccionar una donante que sea compatible, no solo fenotípicamente (es decir, su apariencia física: color de ojos, pelo, etc.), sino también genéticamente. Este proceso no descarta la totalidad de las enfermedades, ya que, de momento, es imposible puesto que hay miles. Pero nos permite tener una mayor garantía de que tendremos un niño sano.
 

En resumen, las nuevas técnicas genéticas son el presente y el futuro de la reproducción asistida, ya que nos permiten contar con sistemas cada vez más sofisticados y eficientes para optimizar nuestras tasas de éxito, y ayudar así a nuestras pacientes a cumplir su sueño de ser madres.  

 

 

Dra Fulvia Mancini Directora Médica Clínicas Eva Autora del Blog Buscoembarazo
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